domingo, febrero 04, 2007

La Reina Alien.


Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Dicen también que para hacer la segunda parte de una película de terror basta con aumentar el número de muertes y de sustos de la primera, y para ello, o bien multiplicas el número de bichos de la anterior entrega, o bien haces que el monstruo de la primera parte se vuelva más grande, malo, duro, feo y cabrón. James Cameron opto por ambas opciones y le salió muy bien la jugada. Aliens es una muy digna secuela de Alien el Octavo Pasajero. Hay muchas muertes, hay muchos bichos con ganas de guerra y lo mejor de todo, nos presentó a un bicho muy grande, muy malo, muy duro, muy feo y muy cabrón: la Reina Alien, la madre de la entrañable criaturita aliena que se había zampado a toda la tripulación del Nostromo y que tan putas se las había hecho pasar a la pobre, pobre Ripley...

La teniente Ripley, tras sobrevivir a la Nostromo, seguro que creía estar curada ya de todos los espantos, pero cuando le propusieron regresar al planeta de los bichos, no se podía ni imaginar la que le estaba esperando. En el momento en que Ripley contempló por primera vez a la Matriarca alienígena, en todo su horroroso esplendor, se le tuvieron que caer los ovarios al suelo, fijo. La bicha estaba impresionante en su trono de quitina y huesos. Parecía un gigantesco arácnido esperando a su presa en el centro de su telaraña. Por no hablar de aquel monstruoso útero que le salía de la entrepierna y que recordaba a una especie de larva de escarabajo gigante. ¡Qué asco y qué miedo daba! ¡Y eso que todavía no se movía! Cameron había logrado lo imposible. Había mejorado el diseño infernal soñado por H. R. Giger. Aquella visión de pesadilla nos resultó tan cautivadora a todos los espectadores de la película, que desde entonces no se concibe secuela de Alien sin la magnifica presencia de su real majestad. Hasta en Alien 3, que supuso un paso atrás en la saga, estaba la Reina Alien presente en todo momento, en forma de amenaza parásita y larvada, escondida en el interior del cuerpo de Ripley, y cuando finalmente asomó su fea cabeza fue para conseguir lo imposible en una saga de terror taquillera: cargarse al prota de la serie. ¡Adiós, Ripley!¡Adiós!

Claro que ya sabemos como es esto del cine, si hay pasta de por medio hasta los muertos resucitan, con lo que Ripley y la Reina Alien volvieron a verse las caras otra vez más en las pantallas, en una secuela llamada, muy apropiadamente, Alien Resurrection.

En aquella película la Reina Alien no estaba muy fina, que digamos, pues fue cuando parió al hijo tonto de la saga... ese al que todos preferiríamos no haber conocido nunca. El engendrito que era una especie de bicharraco híbrido entre alien y humano: deforme, abotargado, contrahecho, fofo, panzón, paticorto y bracilargo. Un mal momento lo tenemos todos y a la Reina le podemos perdonar aquel desliz, argumentando que es que justo ese día estaba mala, tenía jaqueca y además le habían estado trastocando los genes un par de científicos chiflados. Y ya se sabe lo que pasa cuando un mad doctor te anda toqueteando la vagina... que luego andas por ahí pariendo engendros de serie infra-zeta.

Afortunadamente la Reina Alien pudo aparecer una vez más, esta vez en plena forma, para borrarnos el mal sabor de boca que nos había dejado su triste aportación en la cuarta. Estoy hablando, claro, de Alien Vs. Predator, en la que pudimos ver otra vez a la Reina en toda su furia desencadenada (y nunca mejor dicho). Aunque AVP fue un destrozo de película de proporciones galácticas, que tiraba por tierra toda la saga argumentalmente hablando, al convertir en inútiles, fútiles y sin sentido todos los desvelos de Ripley por impedir una invasión alienígena de la Tierra, desde el punto de vista de la taquilla fue todo un éxito, lo cual nos garantiza al menos otra secuela en la que alienígenas y depredadores volverán a partirse las caras y, por supuesto, lo que garantiza que volveremos a ver a nuestra reinona al menos una vez más... y esperemos que no sea la última.

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